miércoles, diciembre 21, 2005

 

reunión

Los tres patólogos

jueves, octubre 20, 2005

 

La evaluación del profesorado

Hace unos días Alfonso Hidalgo se hacía eco del análisis del Secretario de Estado de Universidades e Investigación, nuestro querido Salvador Ordóñez, sobre el estado de la cuestión. A Alfonso le parece profundo y contundente para ser un político y es que Salvador tiene más de científico que de político profesional, quizá por eso es tan valorado por los unos y los otros, por ser un político en el sentido absoluto del término, el que se interesa por lo público. También ha inspirado al Catedrático Francisco Michavila (director de la Cátedra UNESCO, para la Gestión y Política Universitaria) (lean su artículo en elpais, merece la pena). Ambos, Michavila e Hidalgo se dan la mano con el ministrable Ordóñez (como astrólogos pronosticamos) en que es mucho mejor la evaluación sobre el resultado a posteriori que la evaluación preventiva o ex-ante. Salvador, Michavila e Hidalgo se refieren a las subvenciones a la investigación y a la innovación y a la financiación de las universidades, organismos públicos de investigación y centros tecnológicos. Aunque también apaerece citada la aneca.
Por otra parte constantemente se habla de innovación, gestión del conocimiento, desarrollo de habilidades, trabajo en equipo y todo esto que aquí nos gusta tanto. Y se hace incapié en la importancia del capital intelectual.
Y cómo juzgamos a los canditatos para el acceso a los cuerpos docentes? Cómo conseguimos el talento innovador?
Parece lógico, siguiendo el razonamiento que se valore más a los jóvenes innovadores y que este juicio de valor no se haga exante sino aposteirori tras un periodo de prueba/práctica.
Pero la realidad de la incorporación de talento en nuestras universidades es muy distinta, nos atrevemos a calificarla de opuesta. La evaluación sobre el trabajo de un profesor (investigación, docencia, gestión y experiencia profesional) se realiza antes de que el candidato tenga plenos derechos investigadores (primera paradoja) y sobre los méritos alegados por los concursantes los menos valorados son los del comportamiento innovador (que aunque muy bueno para la sociedad, reconozcamos que resulta incómodo para las organizaciones).
El sistema premia al que sigue el caminito, sin pensar lateralmente ni mucho menos, sino más bien ejerciendo de borrego, siguiedo al rebaño, asustado por el perro y sin acabar de ver al pastor. Durante la etapa de alumno se premian con buenas calificaciones a aquellos que mejor repiten la lección y mejor siguen las instrucciones del maestro (no decimos que esto sea malo para todos, hablamos de la evaluación del aprendizaje, que no se dá igual en todos los individuos), con buenas, o buenísimas notas académicas se obtienen las becas de doctorado, donde uno ha de seguir la doctrina y a ser posible no adentrarse demasiado en ciertas arenas movedizas o los resultados peligran, se publican los resultados casi crudos, en revistas con una línea editorial y un estilo marcados, de modo que aquí tampoco conviene innovar mucho, basta tan solo con que pareca novedoso y esté pulcro y aseado.
Respecto a la docencia, los candidatos obedientes tendrán la oportunidad de repetir el programa de sus mayores en algunas clases dadas de balde (becarios y meritorios) o de saldo (asociados). Y por último la gestión, ah, la gestión, ahora que tanto queremos gestores de la I+D+I,..., es dificil que a un aspirante a profesor le dejen gestionar nada (esto tiene su razón fundada en la experiencia), pero siempre se pueden hacer cosas, como bien demuestra con sus experimentos docentes Juan Freire, pero el exceso de movimiento del joven aprendiz puede marear a más de un asentado sabio o molestar a los candidáticos del departamento (perdonen el palabro pero sonreimos cada vez que contraemeos al agobiado candidato a catedrático).
En fin, en mesa de ingeniero, ordenador de palo, parafraseando algo que he leido en algún lugar del que, como el autor de mis andanzas, no me quiero acordar.
para saber más:

miércoles, octubre 19, 2005

 

Competencia e indicadores

Durante todo el mes de septiembre, con la llegada del nuevo curso, se han ido publicando diferentes clasificaciones de universidades. En el sistema anglosajón los estudiantes eligen la universidad en la que desean estudiar y la universidad selecciona a los estudiantes que quieren ingresar. Las universidades para realizar su juicio de valor sobre el aspirante se informan sobre él a través de su currículum, de sus calificaciones académicas y a veces mediante comunicaciones por carta o entrevistas personales. Los alumnos también se han de informar sobre la universidad, miran su trayectoria, la visitan y evalúan si es interesante para su campo de interés. Para facilitar la decisión de los estudiantes y para hacer benchmarking se editan las clasificaciones interuniversitarias.
Las universidades españolas aparecen a partir del puesto 150, por detrás de universidades un tanto peculiares o peregrinas. La razón es muy sencilla, nuestro modelo es distinto, no se ajusta a sus parámetros y los indicadores que emplean para la medida no evalúan con eficacia nuestra calidad. Un ejemplo, en uno de estos estudios se utiliza el indicador de internacionalidad de los profesores titulares, claro, en esto las universidades públicas de España no puntúan, nuestra legislación sólo permite pertenecer a los cuerpos docentes a los españoles. Otro ejemplo, sobre el impacto de las investigaciones, se miden los artículos publicados en Science y en Nature (las dos revistas de más alto índice de impacto según Thomsom, compañía de la que hablaremos en otro momento), si ustedes leen o conocen estas revistas serán concientes de que los temas tratados no están representados equitativamente, hay un interés focalizado en determinadas áreas, qué sucede con universidades sin investigación es esas áreas? sencillo, no puntúan.
La competencia es buena, no lo dudamos, pero la contabilidad del conocimiento que hacen algunos no vale para nuestro mercado.

martes, octubre 18, 2005

 

Revolución

La revolución blog (todavía no se habla de ella, pero esperen esperen), será el equivalente en el mundo de las comunicaciones a los fundamentos microeconómicos de la macroeconomía. Es decir, la actividad transaccional de unos pocos anarquistas del conocimiento, en un mercado cuasi libre genera un movimiento de la información de efectos macroestructurales.
Ejemplos de estos superanarquistas son Alfonso Hidalgo y Juan Freire, padres espirituales de esta bitácora.
El fenómeno tiene unas perspectivas dignas del calificativo de revolución, puede cambiar las instituciones por las personas (por ejemplo sustituyendo a los poderosos (en USA) think tanks, puede cambiar el modo en el que se relacionan profesores y alumnos, puede ser una nueva forma generlalizada de información, con nuevos códigos, nuevas formas y una nueva moral (tentados estamos de decir ética, pero hagamos caso a Savater y dejemos la ética como la ciencia que estudia las morales).

lunes, octubre 17, 2005

 

La opinión del bachiller

Sansón Carrasco es el enemigo amable de Don Quijote, el amigo que se disfraza y le vence con sus propias armas medievales. Es el símbolo de la necesidad de cambiar de código cada vez que se desea comunicar y convencer, Sansón Carrasco es entender las propuestas del otro para poderle conocer.

Aquí queremos ver y escuchar a todos para poder disfrazarnos y entender el mundo como hacen los chamanes al identificarse con los animales.

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